El ministro de Educación, Morgan Quero, se encuentra en el centro de la polémica tras un reportaje de Cuarto poder que reveló gastos superiores a los S/10,000 en artículos personales y de consumo, financiados con recursos públicos de la caja chica de su despacho.
Entre las adquisiciones destacan camisas, blusas, chalecos, casacas y accesorios de cuidado personal como un vaporizador y un quita pelusas. Apenas nueve días después de juramentar en abril de 2024, Quero ya había adquirido dos camisas y cuatro polos pagados con fondos del ministerio.
Los registros muestran que la práctica se repitió en los meses siguientes. En diciembre, por ejemplo, se compraron dos blusas y cuatro camisas de vestir por S/598, y luego tres blusas más por S/299, sumando S/897 en prendas dirigidas directamente al titular del sector.
Otro gasto llamativo fue el de snacks y bebidas: solo en abril se adquirieron galletas de soda, menta, vainilla, chocolate y naranja por más de S/400, mientras que en diciembre otra compra alcanzó los S/335. En total, se contabilizaron más de 3,000 paquetes. A esto se añadieron café, frutos secos, gaseosas, flor de Jamaica y aceite de oliva, por un monto superior a los S/8,300.
Los documentos incluyen además papel higiénico, toallitas húmedas y utensilios de cocina, como microondas y hervidores eléctricos, con un gasto cercano a S/1,600. Incluso el lavado del fajín oficial del ministro fue cargado a los recursos estatales.
Especialistas en derecho administrativo, como la abogada Cecilia Ruiz, cuestionaron el uso de la caja chica, recordando que solo debe cubrir gastos imprevistos y estrictamente necesarios. “Los órganos de control deben auditar con detalle estas compras”, advirtió.
El Ministerio de Educación emitió comunicados en los que defendió las adquisiciones como parte de la “atención protocolar” y aseguró que las prendas forman parte de una “dotación institucional”. Además, denunció una “campaña de desinformación” en su contra. Por su parte, Quero afirmó haber reducido gastos heredados de gestiones pasadas, aunque las facturas difundidas lo contradicen.
La controversia revive críticas hacia el ministro, quien anteriormente fue cuestionado por declaraciones polémicas sobre derechos humanos y violencia sexual en comunidades amazónicas. Mientras tanto, en un país donde la precariedad educativa afecta a millones de estudiantes, el hallazgo de compras de camisas y snacks financiadas con dinero público ha generado una fuerte indignación ciudadana.



