
El terremoto de magnitud 7,4 registrado este lunes 10 de agosto en Colombia volvió a poner en evidencia la intensa actividad sísmica del Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona que concentra gran parte de los terremotos y actividad volcánica del planeta. El movimiento tuvo su epicentro en San José del Palmar, departamento de Chocó, a una profundidad cercana a los 100 kilómetros.
Colombia no es el único país del Cinturón de Fuego que ha registrado fuertes movimientos durante 2026. Según registros del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), Filipinas tuvo un terremoto de magnitud 7,8; Tonga, de 7,5; Japón e Indonesia, de 7,4; mientras que Vanuatu y México registraron movimientos de 7,3. A estos eventos se suma el sismo de magnitud 6,9 ocurrido en Chile el 25 de mayo, en la región de Antofagasta. Con ello, ocho países —Colombia, México, Filipinas, Japón, Indonesia, Vanuatu, Tonga y Chile— han registrado este año terremotos o sismos de magnitud 6,9 o superior.
El presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Hernando Tavera, explicó que el Perú comparte con Colombia, Ecuador y Chile una condición geológica que lo ubica en una zona de alta actividad sísmica. Esta situación está relacionada principalmente con la subducción de la placa de Nazca debajo de la placa Sudamericana, proceso que genera parte de los grandes terremotos registrados en la costa occidental de Sudamérica.
Tavera remarcó que la ocurrencia de varios terremotos en distintos países del Cinturón de Fuego no significa que exista una cadena sísmica capaz de anticipar cuándo ocurrirá un gran terremoto en Perú. El especialista señaló que los sismos son cíclicos y que el país volverá a experimentar movimientos de gran magnitud, pero la ciencia todavía no puede determinar con precisión la fecha, el lugar ni la magnitud del próximo gran evento.
Según explicó el presidente del IGP, los terremotos pequeños son más frecuentes porque requieren áreas de ruptura menores, mientras que los grandes sismos necesitan que se rompan extensas zonas de las placas tectónicas. Por esta razón, pueden transcurrir largos periodos entre un gran terremoto y otro. En ese sentido, el movimiento registrado en Colombia no puede utilizarse como una señal para afirmar que próximamente ocurrirá un terremoto de gran magnitud en territorio peruano.
Tavera también informó que en lo que va de 2026 ya se han registrado más de 500 sismos en el Perú. El especialista indicó que cada año se reportan alrededor de 800 movimientos telúricos, aunque muchos son de magnitud tan baja que solamente pueden ser detectados mediante instrumentos especializados y no son percibidos por la población.
El presidente del IGP explicó además que la magnitud de un terremoto no determina por sí sola el nivel de destrucción. La profundidad del movimiento, las características del suelo y la calidad de las construcciones influyen directamente en los daños que puede provocar. Como referencia, señaló que algunas estimaciones internacionales registraron aceleraciones del suelo de aproximadamente 400 centímetros por segundo al cuadrado en zonas afectadas por el terremoto de Colombia, mientras que Lima experimentó alrededor de 100 centímetros por segundo al cuadrado durante el terremoto de Pisco de 2007.
Para Tavera, el verdadero riesgo aparece cuando las edificaciones no están preparadas para soportar la demanda sísmica. “El sismo es un problema de la naturaleza. El desastre es un problema de la sociedad”, explicó al destacar que el movimiento telúrico sacude el suelo, pero las pérdidas humanas y materiales aumentan cuando las estructuras colapsan debido a su vulnerabilidad.
Entre los principales problemas del Perú identificados por el especialista se encuentra la autoconstrucción de viviendas sin criterios técnicos, además de la expansión urbana desordenada y la deficiente gestión del uso del suelo. En contraste, países como Japón y Chile han fortalecido sus normas de construcción sismorresistente y sus sistemas de prevención luego de enfrentar terremotos de gran magnitud.
El especialista sostuvo que la preparación ante un terremoto no depende únicamente de las autoridades. También requiere que los ciudadanos adopten decisiones adecuadas sobre dónde construir, qué zonas habitar y qué medidas de prevención aplicar. El terremoto de Colombia, por tanto, no permite establecer cuándo ocurrirá el próximo gran sismo en Perú, pero sí vuelve a recordar que el país se encuentra en una zona de elevada actividad tectónica y que, en algún momento, volverá a enfrentar un terremoto de gran magnitud.




