
Una investigación científica desarrollada en el condado de Surrey, en Inglaterra, plantea una posible relación entre las actividades de extracción de petróleo y la ocurrencia de una serie de sismos registrados entre 2018 y comienzos de 2019. Durante ese periodo se reportaron más de un centenar de movimientos telúricos de baja magnitud, cuyas intensidades oscilaron entre 1,3 y 3,1 grados en la escala de Richter. Aunque los temblores fueron relativamente leves, provocaron grietas en viviendas y despertaron preocupación entre los habitantes de la ciudad de Newdigate, una zona donde durante décadas no se habían registrado eventos sísmicos de esa naturaleza.
Para determinar si existía alguna conexión entre los sismos y la actividad petrolera, los investigadores analizaron la proximidad de los epicentros con el yacimiento de Horse Hill, descubierto en 2015 y utilizado para la extracción de petróleo. Mediante modelos matemáticos compararon las fechas de perforación y bombeo con los registros sísmicos, encontrando coincidencias temporales entre ambas actividades. Sin embargo, los especialistas aclararon que estos resultados no constituyen una prueba definitiva de causalidad, sino una evidencia que justifica continuar con investigaciones más profundas.
El coautor del estudio, Matthew Fox, explicó que existe una correlación entre los terremotos registrados y las operaciones extractivas, aunque precisó que todavía no es posible afirmar de manera concluyente que una haya provocado la otra. Según indicó, cada caso debe analizarse de forma independiente, considerando factores como la geología del terreno, la profundidad de los pozos y la existencia de fallas geológicas activas en la zona.
Los científicos explican que la extracción de petróleo puede modificar la presión existente en las capas rocosas del subsuelo al remover grandes volúmenes de fluidos. Estas alteraciones pueden desplazarse a través de las formaciones geológicas y, en determinadas condiciones, desencadenar el movimiento de fallas previamente existentes. Especialistas del British Geological Survey señalan que, dependiendo de la permeabilidad del terreno, estos cambios de presión pueden propagarse en cuestión de días o incluso semanas antes de generar actividad sísmica perceptible.
A pesar de los hallazgos, la empresa UK Oil & Gas (UKOG), operadora del pozo de Horse Hill, rechazó que sus actividades estén relacionadas con los movimientos telúricos. La compañía sostiene que informes del British Geological Survey atribuyen los sismos a una falla geológica profunda que no tendría vínculo con las operaciones de extracción. No obstante, la controversia científica y la preocupación de la población llevaron a las autoridades locales a revocar en octubre de 2024 los permisos para futuras perforaciones en Surrey, mientras continúan los estudios para determinar el verdadero origen de estos fenómenos.
El caso ha reavivado el debate internacional sobre los posibles efectos de determinadas actividades industriales en la estabilidad geológica del subsuelo. Diversos expertos coinciden en que, antes de autorizar nuevos proyectos de exploración y extracción de hidrocarburos, resulta indispensable realizar evaluaciones geológicas y ambientales exhaustivas que permitan identificar riesgos potenciales y establecer medidas de prevención para proteger tanto a la población como al entorno natural.




