Desde principios del 2000, las bandas delictivas en Perú han evolucionado de simples asaltantes a estructuras organizadas que dominan territorios y obtienen ganancias a través de actividades ilícitas como la micro comercialización de drogas, asaltos y extorsiones. Según el periodista Iván Morales Díaz, esta transformación de los delincuentes en líderes de grupos criminales ha sido posible gracias al crecimiento económico del país, la falta de acción efectiva de las fuerzas del orden y un marco legal débil que no ha logrado frenar el avance de estas organizaciones.
Morales Díaz señala que durante la última década, estas bandas se han sofisticado aún más, convirtiéndose en verdaderas organizaciones criminales con jerarquías definidas, desde líderes hasta sicarios, y operando de forma sistemática. Estas estructuras no solo se dedican a delitos comunes, sino que también están involucradas en actividades de terrorismo urbano, generando miedo en la población y afectando gravemente al sector empresarial. Las ganancias que obtienen, provenientes de extorsiones y asesinatos, alcanzan cifras millonarias, lo que representa un nivel de criminalidad comparable solo con el terrorismo de Sendero Luminoso en los años 80 y 90.
A raíz de estos argumentos, el periodista considera que es fundamental que estas bandas sean tratadas como objetivos militares, a fin de que el estado pueda actuar con mayor contundencia para erradicarlas. Sin embargo, critica la postura de algunos congresistas que, bajo el pretexto de un falso progresismo, se oponen a que estas organizaciones sean clasificadas como terroristas en el Código Penal, lo cual, según él, obstaculiza una respuesta efectiva por parte de las autoridades.



