
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que El Niño se fortalecerá hasta alcanzar una intensidad elevada y que sus efectos podrían prolongarse al menos hasta febrero de 2027. El fenómeno incrementa el riesgo de inundaciones, sequías y olas de calor en distintas regiones del mundo, mientras que su comportamiento podría ser menos previsible debido a las condiciones de un planeta cada vez más cálido.
El último boletín de la OMM estima una probabilidad cercana al 100% de que el episodio continúe al menos hasta febrero de 2027. La temperatura del Pacífico tropical central y oriental mantiene una tendencia ascendente y los modelos climáticos coinciden en que el fenómeno seguirá ganando fuerza durante los próximos meses.
El índice Niño 3.4 registró anomalías semanales de entre +2,2 ℃ y +2,6 ℃ entre fines de julio y mediados de agosto. Además, bajo la superficie del océano se detectaron en algunas zonas temperaturas superiores en más de 8 ℃ respecto de la media. El Niño corresponde a la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur y se produce por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, alterando la circulación atmosférica, las lluvias y las temperaturas en diferentes partes del planeta.
Los efectos ya se observan en varios países. En Perú, el Gobierno canceló anticipadamente a fines de agosto la temporada de anchoveta debido al calentamiento del mar, que llevó a los peces adultos hacia aguas más profundas y frías. En Centroamérica, la sequía redujo la disponibilidad de agua dulce para las esclusas del Canal de Panamá y afectó el tránsito marítimo, mientras pequeños productores de Guatemala, Honduras y El Salvador reportaron pérdidas de cosechas. Puerto Rico aplicó racionamientos de agua y Jamaica afrontó presión sobre sus cultivos.
La situación también alcanza al Pacífico occidental y África. Indonesia registró un inicio de la temporada de incendios forestales por encima de lo habitual, mientras partes del sur y este de África enfrentan sequías, elevados costos de combustibles y fertilizantes y riesgos para la seguridad alimentaria. La OMM advirtió, sin embargo, que un evento de mayor intensidad no significa necesariamente que todos los territorios sufran los mismos efectos, pues estos dependen de la región, la época del año y otros factores climáticos.
Para septiembre, octubre y noviembre de 2026, los pronósticos multimodelo de la OMM anticipan temperaturas superiores a lo normal en la mayor parte de las áreas continentales y patrones de precipitaciones compatibles con una respuesta atmosférica intensa ante El Niño. En algunas zonas, los efectos pueden ser opuestos a los de territorios cercanos. Nature reportó lluvias y nevadas intensas en Chile y Perú que provocaron inundaciones, afectaron la minería de cobre y ocasionaron el cierre temporal de Machu Picchu. El Cuerno de África también podría enfrentar inundaciones de gran magnitud y nuevos desplazamientos de población.
Especialistas advierten que este episodio puede ser difícil de comparar con eventos anteriores. Los grandes El Niño no son iguales: algunos se concentran en el Pacífico central y otros desarrollan mayor intensidad frente a Sudamérica. De acuerdo con expertos citados por Nature, el actual sería el primer episodio intenso con características del Pacífico oriental desde fines de la década de 1990, en un contexto en el que el planeta acumuló casi tres décadas adicionales de calentamiento global.
La climatóloga Deepti Singh, de la Universidad Estatal de Washington, señaló que los impactos guardan relación en cierta medida con la magnitud del fenómeno, aunque esa relación no es lineal. Investigaciones citadas por Nature también muestran que el calentamiento global puede alterar la ubicación, frecuencia e intensidad de los extremos climáticos. Un estudio publicado en Science, basado en corales de las islas Galápagos, concluyó que la amplitud entre las fases cálidas y frías del ENSO fue 36,5% mayor entre 1990 y 2010 que en la era preindustrial.
La OMM remarcó que el cambio climático no origina El Niño, aunque el calentamiento de la atmósfera y los océanos puede amplificar sus consecuencias. Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua y favorecer lluvias concentradas y torrenciales. Además, las teleconexiones entre el Pacífico tropical y regiones distantes pueden cambiar, dificultando la preparación frente a los impactos.
En Argentina, la señal asociada a El Niño suele ser más marcada en el litoral y el noreste, donde pueden registrarse temporadas más lluviosas y tormentas fuertes. También existe preocupación por lluvias concentradas en períodos breves que podrían superar la capacidad de la infraestructura urbana y rural, además de influir en los caudales de los ríos Iguazú, Uruguay y Paraná. La OMM indicó que los centros regionales, foros climáticos y servicios meteorológicos nacionales continuarán actualizando los pronósticos para establecer alertas y medidas de preparación en sectores como agricultura, recursos hídricos, salud, energía e infraestructura.





